En un entorno global donde los desafíos sociales y ambientales se entrelazan con las dinámicas económicas, surge una forma de invertir que va más allá del simple beneficio financiero. Este enfoque, denominado inversión de impacto o inversión con alma, permite a los inversores convertirse en agentes de cambio mientras obtienen rendimientos. La clave reside en generar un impacto social y ambiental medible sin renunciar a la rentabilidad esperada.
La inversión de impacto se define como la asignación de capital en empresas, fondos u organizaciones que buscan producir un cambio positivo en ámbitos como la sostenibilidad, la inclusión y el bienestar social. A diferencia de la filantropía, donde el retorno es solo social o ambiental, el inversor de impacto exige también un retorno financiero para el inversor, aunque esté dispuesto a aceptar niveles de ganancia ligeramente inferiores a los del mercado tradicional.
Según la Global Impact Investing Network (GIIN), las características esenciales de esta práctica incluyen:
El volumen de la inversión de impacto a nivel global supera los 60.000 millones de dólares, cifra registrada en 2015 pero que hoy se estima muy superior. En España, la Bolsa Social ha reunido a más de 11.000 miembros en 2023, canalizando recursos a proyectos con modelos de negocio responsables y sostenibles.
Para responder a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la industria se ha planteado movilizar un billón de euros en Europa a corto-medio plazo, combinando fondos públicos y privados. Este ambicioso objetivo refleja la confianza creciente en que la inversión puede redefinir el capitalismo y promover un desarrollo equitativo y respetuoso con el planeta.
La inversión de impacto emplea instrumentos variados para adaptarse a diferentes perfiles de riesgo, horizonte temporal y objetivos de impacto. Entre los más destacados se encuentran:
Uno de los dilemas más frecuentes es si es posible combinar un impacto significativo con un rendimiento atractivo. Los datos muestran que sí: según el índice WELLI (1998-2021), la rentabilidad promedio de la inversión de impacto alcanza el 4,2% anual. Por su parte, el Fondo ALMA V ha logrado un rendimiento acumulado del 30% en cinco años y medio (~5,5% anualizada), sin registrar ningún default.
En 2023, Arte Inversiones en Proyectos con Alma obtuvo un 6,87% de rentabilidad financiera, demostrando que los proyectos bien seleccionados pueden competir con la media del mercado. A continuación, un resumen de algunos instrumentos clave:
Varios ejemplos han demostrado la eficacia de este enfoque:
Aunque el sector crece con fuerza, enfrenta desafíos como la falta de estandarización en métricas, el riesgo de greenwashing y la gestión de la liquidez. La estandarización de indicadores alineados con la GIIN y los ODS será crucial para mantener la transparencia y la confianza.
En términos de tendencias, se observa: más fondos temáticos (educación, salud, transición ecológica), alianzas público-privadas, y la incorporación de inversores institucionales. Nuevos modelos de financiación híbrida combinan subvenciones con capital inversor, reduciendo el riesgo y atrayendo capitales a sectores clave.
El futuro de la inversión con alma depende de mantener un enfoque riguroso en el seguimiento transparente de indicadores, de fortalecer las iniciativas de colaboración y de fomentar una cultura financiera alineada con los valores sociales. Solo así se confirmará que es posible armonizar la rentabilidad y el propósito, transformando realidades y generando valor sostenible.
Referencias